El fraude alimentario está en el punto de mira del consumidor debido a ciertos casos de gran impacto mediático: la presencia de carne picada de caballo en carne de bovino, la presencia de melamina en leche infantil en polvo procedente de china, la comercialización de panga etiquetada como merluza…, o de otros que lamentablemente son bastante habituales: productos ecológicos que no lo son, vinos con etiquetas de denominación de origen falsas o aceite de oliva virgen extra que no lo es.

La red de prevención del fraude alimentario, Food Fraude Network, creada por la Unión Europea en el año 2013, indica, según  datos del año 2015 que el tipo de fraude que se produce con mayor proporción es el incumplimiento en el etiquetado con el 36%. Le sigue el tratamiento o proceso prohibido con el 13%, con un 9% el empleo de documentos falsificados  y la utilización de productos no aptos para el consumo humano también , con un 5% la utilización de sustancias prohibidas y también con la misma cifra la sustitución de ingredientes.

Estos casos provocan una desconfianza del consumidor hacia el sector además de mostrar las debilidades de los mecanismos de control establecidos. Es muy importante la implicación de todos los actores que intervienen en la cadena de producción: proveedores, distribuidores y administración pública para hacer frente a este problema, en este contexto los sistemas de prevención del fraude alimentario aparecen como un recurso necesario para regular e influir en este proceso.

Tanto la legislación (Reglamento 625/2017 de Controles Oficiales) como los sistemas reconocidos por GFSI (IFS, BRC) hacen mención a la importancia de la gestión del Fraude a lo largo de la cadena alimentaria, para cualquier sector de alimentación. Además, ante este escenario de mayor concienciación en cuanto a la necesidad de establecer un mayor control que disminuya el fraude alimentario, las normas IFS y BRC recogen en sus documentos requisitos específicos que, centrados en proveedores y materias primas, permitan minimizar la introducción de materias primas fraudulentas en los procesos de las empresas ya seguros gracias a los controles establecidos internamente.

Concretamente en IFS Food,  podemos ver referencias al fraude alimentario en los siguientes dos puntos:

4.4.5.- Se verificará que los productos comprados cumplan con las especificaciones existentes y su autenticidad, basada en un análisis de peligros y una evaluación de los riesgos asociados. La planificación de estas comprobaciones deberá, como mínimo, tener en cuenta los criterios siguientes: requisitos de producto, estatus del proveedor (según su valoración) e impacto de los productos adquiridos sobre el producto final. También se comprobará el origen si se menciona en las especificaciones.

5.6.8.- Basado en un análisis de peligros, evaluación de los riesgos asociados y en cualquier información externa e interna sobre los riesgos del producto que puedan tener un impacto en la seguridad alimentaria y/o calidad (incl. adulteración y fraude), la compañía actualizará su plan de control y/o tomará medidas apropiadas para controlar el impacto en el producto final.

Veremos en breve que nos depara la nueva versión en cuanto a gestión del fraude alimentario.